Coro y monaguillos de La Salle

Alumnos en la celebración en la parroquia

Lectores

Mosén Pepe iniciando la homilia

Mosén Pepe preguntando a los alumnos

Imposición de la ceniza

Imposición de la ceniza

Imposición de la ceniza a los alumnos

Detalle del coro de La Salle

Comunión

Ceniza

El morado, el color de la cuaresma

Iniciamos la cuaresma de la alegría.

En el curso de la alegría, ésta no podía faltar en uno de los tiempos fuertes como es la Cuaresma.

Hoy, simbólicamente, todo el centro ha iniciado el camino que nos prepara para celebrar la resurrección, la vida, la alegría. Los alumnos de primaria y secundaria han acudido a la iglesia parroquial a celebrarlo con una eucaristía y la imposición de la ceniza,  mientras que los alumnos de infantil lo han hecho en el centro.

¿Por qué la cuaresma es un camino hacia la alegría?

La sociedad entiende la cuaresma como un tiempo oscuro donde para reconciliarnos con Dios, nosotros mismos y los demás, necesitamos —porque así se ha interpretado históricamente y así ha ocurrido— mortificar la carne con prohibiciones y obligaciones. Sin embargo el evangelio nos invita desde su esencia, el Amor, a ser libres de espíritu y a amar tan profundamente que seamos capaces de convertir nuestros actos en verdaderos encuentros con Dios y con los demás; a que las obligaciones se conviertan en actos voluntarios, caritativos y comprometidos, de modo que nuestras acciones, envueltas con el halo del Amor,  sean el testimonio más alegre del mensaje evangélico.

Hacer lo que más nos gusta, actuar con el corazón da sentido a la vida y nos proporciona la felicidad deseada. Todo el evangelio es una manifestación narrada de Amor de Dios por la humanidad y de Jesús, hijo de Dios y hombre, por sus hermanos. Estamos llamados a amar y por lo tanto ha hacer bien y a compartir esa alegría en nuestros entornos.

Por esta razón, el lema que hemos escogido para la cuaresma de este año es «camino hacia la alegría». El camino debe suponer la interiorización y la reflexión de lo que somos y hacemos a través de una autoevaluación coherente; la aproximación, mediante la oración o meditación, a Dios y, en consecuencia, a nuestros compañeros de viaje, a cuyas necesidades daremos respuesta. Con ese compromiso, con esa generosidad de responder ante las necesidades de nuestros hermanos, sin lugar a dudas, llegaremos a valorar lo que de verdad vale la pena y ayunar de egoísmos, de la superficialidad, de lo material.

El camino lo iniciamos con el acto simbólico de la imposición y la meta es la Pascua, no obstante, el camino es arduo. Lo importante es no decaer, seguir los ritmos sin prisas, pararse cuando se estime oportuno, retomar la marcha y tener claro que la  felicidad no está en la meta, sino en como recorremos ese camino.